¿Qué cirugías se pueden programar y cuáles no?

La segunda ola de la pandemia trajo la cancelación de cirugías para mantener las plazas disponibles para pacientes graves de COVID. ¿Qué sucede en este contexto?

Por Leonardo Coscia

La compleja situación originada por la pandemia del virus COVID-19, introdujo un desequilibrio a todo nivel alrededor del mundo y un severo problema médico-sanitario que alteró al sistema médico-asistencial.

El dr. Julio Cataldo (MN 55104), miembro de la Asociación Argentina de Cirugía, indicó que “la pandemia provocó un desbalance en todos los sistemas, que están diseñados para asistir patologías en proporciones relativamente estables y con la infraestructura suficiente acorde con estos parámetros. Afectando gravemente los recursos físicos y humanos que requieren del replanteo de la actividad médica, y la utilización de materiales que resultan vitales para la atención de pacientes”. 

“Un ejemplo puede ser el caso del oxígeno, imprescindible para el uso de los respiradores, pero también lo es cuando es necesaria la anestesia general en los pacientes que debe someterse a una cirugía. Este es uno de los puntos por el que la realización de operaciones se vio afectada, sumado a que se debieron restringir aquellas que requirieran el uso de UTI, para mantener las plazas disponibles para pacientes graves de COVID”, dijo Cataldo.

El experto destacó que “pacientes postquirúrgicos que requieran UTI obviamente también son graves. Por lo tanto, la decisión que deberá tomarse ante la eventual necesidad tener que optar, se basará en que la postergación de la atención al paciente quirúrgico altere o comprometa lo menos posible su pronóstico”.

Two female surgeons looking at computer monitor, other surgeons working in operating room.

“Otra situación que se torna impostergable son las urgencias. Se trata de aquellos pacientes en los que la cirugía se impone en forma decisiva no habiendo otra posibilidad terapéutica, caso contrario, las complicaciones podrían ser fatales”, indicó.

Además, señaló que “estos cuadros ponen al personal de salud en la necesidad de tomar decisiones, de las cuales dependerá la postergación de una operación, y conversar con el paciente de que la demora o el diferimiento de la cirugía, no va a empeorarlo, sino que solo retrasará el tratamiento por un tiempo sin alterar el pronóstico”. 

“El panorama claramente es complejo. Los resultados después de más de un año de pandemia han generado perjuicios en el devenir de patologías no urgentes pero graves, como también en casos de enfermedades que han progresado a estadios de complicaciones por demora en su resolución. El motivo no solo ha sido la restricción en la atención por parte de las instituciones, sino también el temor de los pacientes a la proximidad de los centros de salud. Resulta vital recordar que es más perjudicial la falta de diagnóstico precoz que el riesgo de contagio de COVID-19, por lo tanto, la recomendación profesional es realizar consultas médicas apenas se identifiquen cambios en la salud y no abandonar los tratamientos vigentes”, concluyó Cataldo.

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